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"Las palabras salen del alma cuando escribes algo que te gusta" Eso me dije a mi misma a los 7 años.Muchas personas disfrutan escribiendo y leyendo(lo hagan bien o mal)
El caso es escribir, cuando yo escribo, siento como si fuera la única persona en este mundo en poder crear algo, algo magnifico o espeluznante, algo hermoso o irritante, como sea, simplemente algo. Amo escribir y por eso lo hago, porque no hay nadie que me diga que lo tengo que hacer, porque no hay nadie que me diga cómo lo tengo que hacer ni cuando debo de hacerlo.
Escribo porque me encanta ♥ y espero que las personas que lo lean disfruten también :)

sábado, 19 de mayo de 2012

La chica que hablaba cantando IV


Queridos lectores desconocidos, lo siento.
Sé que a muchos os habré defraudado, llevo todo un mes sin escribir, pero creérme es difícil encontrar la inspiración adecuada, porque no es lo mismo tener ganas de escribir un capítulo de la historia que querer escribir un drama trágico donde mueren todos...
De verdad lo siento, probablemente haya perdido bastantes lectores, además las visitas y los seguidores no suben... Pero aún os tengo a vosotros, que sois especiales, porque siempre estáis ahí aunque yo no lo sepa ^^
Pues nada, os dejo leer, sé que es poco, realmente poco, pero más vale poco que nada...





Una chica bajita aparece de repente en un bosque pintado con acuarelas. Conoce esa sudadera, la de los Rolling Stones, se la regaló él. Conoce ese pelo castaño que cae sobre su espalda como una cascada, en realidad, conoce todo sobre ella. Tarda segundos en asimilar que es ella. Su amada. Se da cuenta finalmente ya que ella tiene una guitarra en mano.
Sus ojos se inundan. Sabe dónde está. Es esa mañana de septiembre nublada y horrible en la que ella le anuncia que se va, que no la va a volver a ver. Y él sabe que eso es un sueño, pero aún así corre, corre intentando alcanzar algo que hace años perdió. Por mucho que corra no la alcanza. Es como una de esas pesadillas en la que subes una escalera interminable y al final acabas cayéndote. Entonces ella se da la vuelta y ve en sus ojos algo jamás visto, la muerte.

Despierta.
Está sudando y le cuesta respirar, de sus ojos se escapan lágrimas sin permiso que llegan hasta su cuello.
Mira al rededor, se asegura de que todo ha sido un terrible recuerdo del pasado.
En cuanto su respiración se calma y puede oír algo más que el vaivén de el aire hacia sus pulmones, se da cuenta de que la voz de alguien le intenta tranquilizar tarareando una vieja canción.
Entonces ella aparece, en ropa interior, con su camisa cubriéndole los hombros.
No dice nada. Él tampoco, simplemente deja que ella, el cálido sonido de su voz aterciopelada, le abrace.
No puede evitarlo, sus lágrimas caen. Se avergüenza de su comportamiento, ya no es un crío.
Ella no para ni un solo segundo de cantar, de sanar sus heridas por momentos. De quitar el miedo de ese niño que vive encerrado en él.
Ella le mira, con cariño. Sonríe y le abraza como a un niño. Le acuna entre sus brazos y le besa la frente.
-Buenos días princesa-le susurra ella imitando al personaje de “La vida es bella”. Él sonríe y la mira a los ojos, miel y tan profundos que podrías perderte en ellos. No hace falta decir nada. Con  los ojos pueden transmitirse más que palabras, sentimientos.
-Tengo hambre- dice él poniéndose los pantalones, que descansaban sobre la esquina de la cama.
-Tenemos un desayuno preparado, el mejor desayuno de nuestra vida- contesta ella abotonándose la camisa de Nick.
-¿También tenemos aspirinas? Parece que mi cabeza vaya a explotar-comenta él dando una vuelta por la habitación-Por cierto, ¿cómo me has traído aquí?
-No tengo ni idea.
-Yo sí.
Sam levanta la vista hasta descubrir quién había hablado.
Un chico, joven, tendrá su misma edad. Vestido con un  traje negro y una corbata rosa, la pinta que le da es la de un oficinista.
-¿Y tú quien eres?- Nick pregunta extrañado. ¿Cómo demonios ha entrado este tío en la que se supone que es su habitación. No le gusta la manera que tiene de mirar a Sam. Él le aproxima los vaqueros a ella.
-Os dejaré cambiaros-el chico sale de la habitación con paso decidido, su voz tiene un suave timbre, amable pero a la vez mandón.
Nick mira a Sam.
Sam le mira a él.
“¿Quién es?” pregunta con gestos él.
Sam se encoje de hombros, ella tampoco lo sabe. Bueno, quizá sí, no se acuerda claramente, pero sintió un Deja Vu cuando lo vio.
Él se dispone a salir detrás del el chico. Sam se lo impide y le señala la parte de atrás de su camiseta, lleva cremallera. Nick la sube y sale de esa habitación.
Ahí se encuentra con una especie de comedor. Busca con la mirada y encuentra al tío ese hablando por teléfono. Parece absorto mirando por la ventana.
-Sí, llama a Carlos y dile que no iré al ensayo hoy. Sí…claro…mañana. Claro, adiós.-corta la llamada y se gira hacia él-¿Ya está?
-Sí. ¿Cómo es que tú sabes cómo hemos llegado aquí?
-Mi nombre es Andrés. Ayer en la fiesta nos vimos. ¡No me recuerdas?-el chico se sienta en el sofá-Veo que no, el caso es que tú y Sam estabais fatal anoche. Tú te quedaste dormido en un banco y devolviste cinco veces. Sam estuvo contigo todo el rato, pero ella también estaba fatal. Yo le ayudé a sacarte de la discoteca, estabais bailando y te caíste. Me dio pena que ella tuviese que cargar contigo hasta vuestra casa así que os traje a un hotel.
Nick no se lo creía.
Sam acababa de salir de la habitación. Ahora se acordaba. Ante el silencio de su amigo decidió hablar ella.
-Es verdad, no me acordaba hasta ahora, pero sí, él nos ayudó a salir de ahí, tú te dormiste y yo pues no sé, no me acuerdo-Nick la mira expectante, sigue sin creérselo. Andrés sonríe desde el sofá.
-Pues nada, ya sabéis lo que ha ocurrido anoche-Andrés se levanta del sofá, se estira y se dispone hacia la puerta.
-Oye espera, muchas gracias, por todo, pero no creo que nosotros podamos pagar esta habitación-avergonzado, Nick confiesa su pequeño problema a su nuevo amigo.
-Tranquilo. Este hotel es mío, no importa si no pagáis.-él mira a Sam de reojo- Pero a cambio debéis hacerme un favor. Sin poder evitarlo, antes he escuchado a Sam cantar. Me gustaría que ella cantase para mí.
Los ojos de Nick se abren. Ella se atraganta con el café.
Los tres intercambian miradas.
Nick no cree que ella acepte cantar, ni siquiera canta para él. Cómo lo va a hacer para un desconocido.
Sam no se lo cree. Ahora recuerda perfectamente quién es este tío.
Una cantidad de recuerdos regresan a su mente, no quiere llorar, pero se lo están poniendo difícil.