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"Las palabras salen del alma cuando escribes algo que te gusta" Eso me dije a mi misma a los 7 años.Muchas personas disfrutan escribiendo y leyendo(lo hagan bien o mal)
El caso es escribir, cuando yo escribo, siento como si fuera la única persona en este mundo en poder crear algo, algo magnifico o espeluznante, algo hermoso o irritante, como sea, simplemente algo. Amo escribir y por eso lo hago, porque no hay nadie que me diga que lo tengo que hacer, porque no hay nadie que me diga cómo lo tengo que hacer ni cuando debo de hacerlo.
Escribo porque me encanta ♥ y espero que las personas que lo lean disfruten también :)

domingo, 22 de enero de 2012

La chica que hablaba cantando II

Aquellos besos a escondidas se olvidarán, aunque no quiera, se olvidarán.
Aquellas tardes que pasaban tocando hasta la madrugada, aquellas noches de felicidad solo porque estaba con él.
Ella llora, se arrepiente, así que llora.

No sabe en qué momento paró de sollozar para llorar las palabras de una canción bonita en un inglés mal pronunciado.
Tampoco sabe cuando su vecino Nick ha empezado a acompañarla con el ritmo de una batería oxidada.
Hacía meses que no escuchaba su voz acompañada. Descubrió por enésima vez que le encantaba.
Pero ya no solo era que le gustara escucharse, cantar para ella se había vuelto una necesidad, una forma de expresarse.
No llega bien a las notas altas, su voz es más que aguda, baja, con tonos armónicos muy bonitos.
Debería dejar de fumar.
El Lucky Strike le hace mal, no solo a ella, sino a su voz.
Bebe un trago de la cerveza que odia, de la barata.
Puaj…Está caliente.
Hace un calor insoportable en esa habitación, lleva años diciéndose a sí misma que debería comprarse un aire acondicionado.

Hace rato que ella ha parado de cantar, pero la batería sigue. Un ritmo regular que le hace sentir bien, un ritmo tranquilo, fácil de llevar.
No está segura, pero decide salir al balcón y saltar la pequeña distancia que hay entre su habitación y la de su vecino Nick.
Cruza, la batería no cesa.
Entra en la casa como ladrón especializado.
Hasta que Nick no tiene enfrente de sus ojos la figura de una chica de complexión delgada y casi albina, no se da cuenta de que había alguien en su habitación. El pelo negro le cae por la espalda de forma alborotada, un intento de moño asoma por su cabeza. El sujetador de encaje negro está a la vista.
Se sorprende de ver a su amiga medio desnuda.
-¿Sam, estás bien?
-He venido a decirte que pares con esto de una vez, sabes que lo odio.
-No me refiero a eso, ¿por qué estás medio desnuda?
-No estoy medio desnuda, estoy en pantalón corto.
-Pero no llevas camiseta.
-Que más da.-se mira a si misma, no estaba tan mal. Un ruido llena de nuevo la habitación, eran sus tripas. Nick se ríe- ¿Qué tienes para comer?

Así es, ya estaban acostumbrados.
Llevan tres años viviendo en el mismo edificio, sus habitaciones están al lado.
Se hicieron amigos desde un principio.
Su mudanza fue el mismo día con la misma compañía.
Los hombres que traían las cosas se equivocaron y metieron la batería en su casa.
Como ahora, ella entró en su habitación medio desnuda y le dijo que viniera a por su “amiga”.
Descubrieron sus obsesiones por la música ya que era inevitable que la voz de ella retumbara en la noche, y que el ritmo de su guitarra triste y sola inundara entre esas cuatro paredes.

Los chicos comen y charlan animadamente sobre por qué ella debería o no llevar ropa encima. Sam nunca ha sido una chica vergonzosa, no le da vergüenza enseñar lo que tiene.

Deciden salir a dar un paseo por las calles de esa amarga ciudad.
Van de la mano, como dos niños que están jugando a ser pareja.
Ella dice cosas sin importancia mientras él se distrae con las minifaldas de las chicas jóvenes.
Una vida rutinaria.
Siempre ha sido así. Desde un principio ellos se hicieron amigos, pero ninguno de los dos sabe nada sobre el pasado del otro, viven su amistad en el momento. Decidieron esa norma cuando por la escalera se difundieron extraños rumores sobre ellos.
La típica mujer mayor que siempre quiere saber la vida de los demás, les preguntaba siempre sobre ellos mismos.
Decidieron decir que eran amigos de la infancia para aclarar los rumores sobre sus líos amorosos.


Como siempre ella hace que Nick la acompañe a dar de comer a las palomas.
Como siempre ella intenta coger alguna de manera torpe.
Un niño se une a su juego.
Nick los observa desde el banco.
Se pregunta la razón de los llantos de ella hoy.
Se pregunta si cada día tiene una razón diferente.
Se pregunta muchas cosas de las que tiene cierta sospecha de que Sam nunca le hablará.

Mira a su amiga, la forma en la que juega con el niño le quita varios años de encima.
Es un poco raro ver a una chica que aparenta pocos años fumando.
En los bares aún le pedían el DNI.
Se ríe al recordar como se pone cuando la llama cría.

Ella se gira para asegurarse de que su amigo sigue allí. Lo comprueba y sonríe. Nick le saca la lengua y ella ríe.
Alguien estira su camiseta para llamar su atención.
Es el niño con el que antes estaba jugando. Se agacha para estar a su altura.
-Hola, amiguito.
-Hola, ¿ese chico de allí es tu novio?
-No, es mi amigo, ¿por qué? ¿Parece mi novio?
-Sí, mamá ha dicho que hacíais una bonita pareja.
-Pues es mi amigo, pero le quiero mucho aun así.
-Vale. ¿Te gustan las palomas?-el chico esconde algo detrás.
-Sí, me gustaría tener una como mascota, pero nunca las puedo pillar. ¿Y a ti?
-A mí también me gustan las palomas. ¿Quieres darles de comer conmigo?-el chico saca lo escondido, una bolsa con migas de pan. Se la tiende y seguidamente mira a su madre que desde el banco le vigila.
-Claro. Vamos.

Es gracioso.
En realidad no le gustan los niños, pero la manera inusual de hablar de ese chico le gusta, le hace sentir cómoda.

-Oye, ¿qué quieres ser de mayor?
-Yo quiero ser músico.

Ella se queda sin palabras. Ahí estaba la respuesta de por qué le gustaba ese niño. Le despeina un poco.

-Es un poco malo ser músico, pocas personas logran serlo.
-Pero mamá dice que toco muy bien la guitarra.-seguidamente el niño se va corriendo. Ella se arrepiente un poco de haberle dicho eso con un tono tan frío.

Vuelve al banco, donde Nick parece estar sumergido en sus pensamientos. Se sienta a su lado sin decir nada.
Al cabo de un rato él le pasa la mano por el pelo.
-¿Qué le has hecho al niño para que salga disparado?
-Nada, que no debería ser músico.-duda un poco, se aclara la garganta- Ese niño me ha dicho que parecemos pareja.
-Oh, pero los dos sabíamos eso.
-Sí, pero es raro que me lo diga un crío.

Sonríen. Nick se quita las gafas de sol para ponérselas a ella. Le da un beso en la frente y se van a por el usual helado de frambuesa y chocolate.
Ariana, la chica de la heladería es una amiga de Nick, de cuando él no vivía en esos pisos, de cuando él era músico al igual que ese niño.

Una chica muy atractiva, castaña con ojos azules resplandecientes de alegría.
Una talla de sujetador dos o tres veces más grande que la de Sam y esa voz tan aguda es algo que ella siempre quiso tener.

No estaba celosa, o bueno, no quería estarlo, pero la manera que ella tenía de cogerle la mano y hacer que él se ruborizara un poco le mataba.
No sentía nada más que amistad por Nick, eso lo sabía, pero él era de los pocos amigos de verdad que ella tenía y no quería que los paseos a ninguna parte cogidos de la mano acabaran ni eso ni que se le prohibiera ir sin camiseta a su habitación.
Sin contar eso Ariana le caía muy bien, era simpática y de vez en cuando le invitaba a algún helado, sin mencionar que a veces, los fines de semana, hablaba con su jefe para que viniera a trabajar y ganara algo.

Tras hablar un rato y comerse los helados decidieron irse.
Esa noche habían quedado para ir a tomar algo con unos amigos de Ariana.

Sam está contenta, Nick lo puede notar con solo verla andar, la manera saltarina y grácil con la que anda le deja ver que está contenta y emocionada.
Es algo muy extraño, pero está tarareando los versos de una canción en voz alta. Quizá no se haya dado cuenta de que él puede oírle, pero eso no sería normal por parte de ella.
Como siempre saca su cajetilla de tabaco y se lo enciende. Después de unas caladas, ella canta un:“Will you trust in me?”
Más agudo de lo normal.

A Nick se le escapa una sonrisa y ella la detecta enseguida.
-¿Qué pasa?
-Has llegado bien a ese fa #
-Lo sé, estoy mejorando.

Nick sabía que usualmente ella le hubiera contestado mal y que tampoco hubiera dejado que él escuchara su canción.
No sabía el que, pero algo le pasaba a Sam.

domingo, 15 de enero de 2012

Tuve la sensación de que ella hablaba cantando II

Enero llega, y con él el frío y el dolor.
Ese enero frío que me traía buenos recuerdos, solo es ahora prueba de que tú no estás conmigo.
Un piano desafinado en la esquina de una habitación desordenado suena un do #
El frío es bonito, casi tanto como tus lágrimas que me absorben, casi tanto como el dulce sabor de tus labio, casi tanto como tú...
En la soledad de este cuarto se esconde mi alma asustada y resfriada, te fuiste y dejaste desnuda mi alma.
La hermosura de tus ojos verdes ya no iluminan este cuarto.
Ahora en la oscuridad se pueden ver los fantasmas de notas perdidas bailando al ritmo de un piano que nadie toca.
Ahora, este lugar donde tú solías cantarme está lleno de mugre y tristeza.
Ya no te tengo, aunque si pienso bien, nunca te tuve. Te amé, eso sí. Pero nunca de la manera que tú querías.
Si me asomo a la ventana podré ver tu cuarto.
Si me asomo a la ventana puedo ver como las brillantes gotas de agua hacen carreras por ver quién llega antes al suelo, desaparecen.
Gotas de agua que antes fueron estrellitas en forma de copo.
Puedo recordar que tu odiabas el frío, que raro, porque yo lo amo.
En este cuarto están pedacitos de tu alma, ese alma cantante, el alma de esa chica con los ojos más verdes y hermosos del mundo, el alma de la chica con la voz más bonita del universo, el alma de la chica que amé sin saberlo.
He regresado, Olivia, por fin he tenido el valor de encontrarme a mí mismo. De dejar mi miedo atrás y llorar un poco, de tocar la vieja canción que cantabas, de echar de menos tus manos, tu pelo y tu aroma. De echarte de menos, porque por fin he conseguido admitir que no te tengo.
He vuelto a empezar de cero, ya no vivo aquí, este cuarto podría matarme de dolor.
El polvo del piso se levanta porque dos gotas de agua caen sobre él. No tengo ni idea los años que llevo sin llorar, no tienes ni idea lo mucho que te extraño, de lo mucho que extraño tus manos entrelazadas con las mías, de recorrer tus labios con la punta de la lengua,de amarte, pero sobre todo oírte.
Cuando te fuiste dejaste vacío mi corazón. Tú eras lo único que tenía, y ahora ya no tengo nada.
La música, el mundo que se abrió para mí ese día en que cantaste la canción que yo escribí para ti.
Juré que no volvería a tocar si no era para ti, pero a veces, entre las estrellas dormidas y la luna que me alumbra saco la guitarra perdida y toco algunas notas en vano.
Oliva, te amo, te amo, te amo... Pero ya no estás aquí para dar razón a mi vida.
Ahora, lo único que me mantiene vivo son tus recuerdos y lo único que me ensañaste que podía hacer, componer.
Olivia, amor, si tú no estás ya no hay razón en mí para componer.
Me arrepiento de no haber sido egoísta, de no haberte dicho que abandonaras todo y te quedaras conmigo, de no haberme dado cuenta de que te amaba en ese entonces y de haberte perdido.
Cojo la guitarra, el sentimiento de vacío que tengo ahora se llenará si mi mala memoria puede recordar tu voz.
Olivia, Olivia...Realmente te amo.

lunes, 9 de enero de 2012

Tuve la sensación de que ella hablaba cantando

Nota de Lili: Hola queridos lectores desconocidos, os vengo a traer la historia de Jack, ya habréis oído hablar de él en mis otras entradas. Debo confesaros que estoy enamorada de él ^^ Pero no se lo digáis a él, es un secreto ;)
Para que entendáis un poco de qué os estoy hablando al escribir esta historia os adelanto que voy a contar las historias de cada uno de los miembros de los Black Cats ^^
Bueno, también creo que deciros que si en la entrada no hay más de 3 comentarios vuestros me deprimo y no me llega la inspiración es una manera de pediros que comentéis coño! Aunque no os guste, me da igual, simplemente que me hagáis saber si escribo para alguien o que mi querido lector desconocido es un fantasma al que cortaron los brazos en su antigua vida y no puede comentarme ^^
Un beso, querido lector desconocido, disfruta ^^




Mi hogar, en realidad no quiero hablar del lugar donde pasé mi infancia, pero ya que me toca hablar, lo haré.
Creo desesperadamente que sin ella mi ruin adolescencia hubiera sido peor.
Ella llegó a mi vida como la lluvia cae sobre ti un día de verano, sin avisar.
-Hola, me llamo Olivia. Mamá y yo nos hemos mudado al lado. Espero que nos llevemos bien.

Quedé fascinado. Por un momento mi mundo paró de girar. Pensé...estuve casi seguro de que quien había entrado en mi casa y conversaba abiertamente con mi hermana era una muñeca andante.
Su casa estaba al lado de la mía.
Su mudanza a ese barrio en el que todo era tan igual creó algo así como un escándalo entre las amas de casa aburridas.
“He oído que su marido era americano y murió a temprana edad.”
“Sí, dicen que estuvieron viviendo en Canadá hasta hace poco...”
“Pobre mujer, es tan joven...Tener que cargar con una niña pequeña a esta edad...”


En la escuela Oli no era ignorada, todo lo contrario, tanto chicas como chicos se metían con ella.
La mayoría de las veces los golpes y las patadas que estos le propinaban eran parados por mí.
No sé como, pero siempre acababa siendo yo el malo para los profesores.
“¡Jack! ¿Qué estás haciendo?”
“Maestro, es que estos imbéciles estaban pegando a Olivia”
“No importa cual sea la razón,¡la violencia no está permitida! Y menos con los niños de segundo, que son más pequeños que tú.”

Supongo que en ese entonces mi pequeño cerebro de niño de 3º no podía comprender la razón por la cual no me estaba permitido pegarles a los niños más pequeños. Papá era mucho más grande que yo, pero eso no le impedía golpearme sin motivo.

Pasamos nuestra infancia juntos. Oli adoraba cantar y a mi me encantaba escucharla.
Amaba su voz y bueno, de hecho, aún la sigo amando tanto como entonces.
Su voz al cantar tenía esa forma de llevarse lejos de mí esa angustia, ese dolor.
Esa forma de llevarse lejos de mí mis problemas, mis temores por mi madre y su enfermedad debilitándola poco a poco, quitándole la vida, mi desconfianza por mi padre que cada vez se ahogaba más en el alcohol, mis sentimientos de ser abandonado por mi hermana, que desaparecía de repente.
-Roxana,¿dónde vas? Tengo hambre.
-Hazte un huevo frito ¿vale?

Aún ahora odio los huevos fritos.
Sabía que tenía que aprender a hacer las cosas por mi mismo, pero mi mente de niño se negaba a aceptarlo.



“Se mantiene
viene a mí
el recuerdo del dolor
se propaga en mi interior”
“Dentro del endulzado tiempo no hay nada definitivo. Tengo miedo de que la campana declare el mañana. Tengo miedo a perder el montón de cenizas que forman mi corazón..”
Olivia me cantaba siempre al volver del colegio.

-Eres buena. Podrías hacerte cantante.
-Sí, ¡yo también quiero!
-Si tú quieres, lo conseguirás. Puedes hacerlo,tienes talento.
-¡Gracias Jack!-entonces como de costumbre se abalanzó sobre mí y me abrazó- Te quiero.
-Lo sé, lo sé.
Entonces Oli hizo algo realmente inesperado. Nunca me habían besado, así que Olivia fue la primera. La primera persona que me quiso de verdad, la primera que me hizo sentir querido, la primera persona que consideré familia aparte de mi madre.
  • Oli,¡¿qué haces?!
  • Beso- dijo tras enarcar una ceja, estaba confusa-¿No puedo?
  • Pues no.
  • Mi papá siempre me besaba, mamá también, hasta la anciana de al lado lo hacía...
  • Pero aquí solo se dan besos los mayores enamorados.
  • ¿Por qué?
  • Hm.. No lo sé...
  • ¡Aquí nadie me quiere!
  • Eso no es así...
  • Sí que es así-una lágrima resbaló de sus ojos verdes-Aquí todos me miran de forma extraña, hasta mamá lo hace a veces...
  • ¿Quieres regresar a Canadá?
  • Quiero ver a papá- otra lágrima se escapó de sus ojos, me dolió verla llorar, así que la besé.

¿Extraño verdad? Olivia quería ver a su padre y yo controlaba mis deseos por matar a ese hombre que llegaba a casa casi a gatas, borracho perdido.
En realidad no sabía porque nos besábamos, pero sabía lo que era que los adultos te miraran “estrañamente”, que te tuvieran pena no era agradable...
Ese fue el año en el que acabé el colegio y empecé a ir al instituto.
El cambio de estar con los pequeños a estar con los mayores me hizo cambiar un poco.
Empecé a fumar, a preocuparme menos por Olivia, a llegar tarde a casa por las noches o por las mañanas, a saltarme el instituto y escaparme con mis “amigos” para fumar en la azotea del viejo almacén del instituto.
Aunque ningún día dejé de ir a buscar a Oli al colegio, oír su voz me calmaba.
Entonces no me daba cuenta, pero pasados unos años pude entender lo que pasaba con esa niña que yo veía como una hermana.

When the evening shadows
And the stars appear
And there is no - one there
To dry your tears
I could hold you
For a million years
To make you feel my love”

Cuando oía a Oli cantar,pensé que si los ángeles existieran limpiarían tu alma así, sonreirían así, te mirarían así...


-Oye, Jack...¿a qué sabe el tabaco?
-A mierda, nunca lo pruebes.
-Entonces, ¿por qué fumas?
-No lo sé-apagué el cigarro al percatarme de que ella estaba esperando que la abrazara.
Como de costumbre ella me besó, en mi opinión, esa vez fue más pasional que las otras, aunque pensándolo bien también podía ser que yo hubiera madurado un poco y ella aún no.
-Oli, deberías dejar de besarme así...
-¿Por qué?
-Bueno, falta poco para que empieces el instituto, ya no somos críos.
-¿Y eso qué importa?
-Pues que esas cosas ya solo las deberías hacer con tu novio y solo con tu novio.
-Entonces seré tu novia.
-No, no puede ser. Ya tengo novia.-un instante después de decir eso, me arrepentí. Ahora Olivia estaba sería, su radiante sonrisa ya no asomaba y las lágrimas contenidas ya no se contuvieron y rodaron por su mejilla.-Oli...¿qué pasa? Tranquila, no llores...
-Jack,¿qué soy yo para ti?
No respondí, pensé que sería mejor.

Después de varios días me enteré que Olivia había participado en un concurso de canto y que había ganado.

-Qué haces a estas horas en mi habitación... y pensar que ni siquiera eres mi novio...
-Oli, escuché que has ganado un concurso...
-No, no he ganado aún, solo he pasado a la siguiente fase. Y no es un concurso, están haciendo una audición para aun anuncio de unos chocolates...
-¿Planeas convertirte en cantante?
-Sí, bueno, tu dijiste que podía hacerlo así que...-Oli bajó la cabeza, por alguna razón estaba avergonzada.
-Puedes hacerlo, pero no de este modo. Yo te ayudaré.-sus ojos se volvieron a iluminar.
-¡Gracias Jack!
-Bien, ¿has pensado en que tipo de cantante quieres ser?
-Cualquiera vale, con tal de cantar...
-Tienes que decidir un estilo...Ya sé, puedes escribir tus propias canciones, ser cantautora llamaría la atención de las discografías.
-No, no puede ser.
-¿Por qué?
-Yo no puedo escribir canciones, se necesita otro tipo de talento para eso.
-¿En serio? Pero si para mi es fácil...
-¿Qué dices? ¿Puedes escribir canciones? ¡Eso es realmente genial Jack!
-¿Lo es?


Ahí estaba, el yo adolescente que buscaba algo que solo yo pudiera hacer, había encontrado algo.
Si solo concentro mi mente en su voz, llegan melodías diferentes a mi mente.
En mi último año de escuela ya estaba escribiéndole canciones a Olivia. Habíamos formado una banda y yo me había esforzado al máximo por aprender a tocar la guitarra y el bajo.





En mi segundo año de instituto los médicos habían dicho que mi madre ya no aguantaba mucho.
En realidad, secretamente siempre pensé que si mi madre había resistido un año más fue porque Oli iba a visitarla cada día y le cantaba, con esa dulce voz suya que podía quitarte las penas.


Cuando empecé bachiller encontré a miembros para la banda que de verdad sabían tocar, reformamos la banda y tocamos varias veces en un local que nuestro batería conocía.

Como siempre, Olivia y yo volvíamos del ensayo juntos, repasando los pequeños fallos de cada uno y comentando. Pero esa noche fue diferente, Oli no hablaba. Me sentía estúpido, parecía que estuviese hablando solo.
-...Olivia, Olivia,¡Olivia!-parece que sacudirla funcionaba para sacarla de sus ensoñaciones.
-¿Qué?¿Qué pasa?
-Coño pues que no estás aquí.
-Jack... Hay un problema-vi seriedad en sus ojos. Me pregunté cuánto tiempo hacía que esta niña había comenzado a hablar como un adulto.
-¿Cuál?-una lágrima negra, manchada por el rímel de ella se escapó de sus ojos verdes- Oli, venga, no llores. Cuéntame.
-Jack...Lo siento. Lo siento...-de entre sus sollozos pude ver la verdad escondida. La verdad que marcaba el inicio del final para mí. Dejé que me besara, que ella consolara en mí la enorme pena que llegó como un tornado. Antes de darme cuenta estábamos en su cama.


-¿Cuándo te vas?-le hablé al oído. Sabía que se estaba haciendo la dormida- Olivia, vamos, contéstame.
-En una semana.

Tras eso ninguno de los dos dijo nada más. Ella había dejado unos redondos negros en la almohada blanca. Supongo que lloraba porque no quería irse, o quizá porque sabía que sin ella todo se había acabado.
Ahora estaba solo. Más solo que al principio. Y esta vez no había garantía alguna de que alguien llegará a mi vida como una lluvia en un verano. Esta vez me ahogaría en mi propia soledad y gritaría su nombre una y otra vez, pero ella no vendrá nunca más a salvarme. A lamerme las heridas con su voz, a cerrar esas cicatrices que quedaron abiertas en mí. Ella se iba y sin ella yo no era nada.

miércoles, 4 de enero de 2012

La chica que hablaba cantando(Black Cats)

Nota de Lili: Hola querido lector desconocido.¿Qué tal estás? Espero que bien ^^
Solo te vengo a traer lo prometido :)
Probablemente al principio no entenderás mucho, pero iré subiendo más para que tus dudas se vayan aclarando ^^
Tengo una cosita que decirte, esta entrada no hubiera podido hacerla si no fuera por ella, Elise, que me inspira cada vez que estoy sin inspiración.
Y si os parece que la entrada está mal o no os gusta o os encanta o deseáis hacerme la pelota...¡Pues comentar! 
Esta es la primera entrada del año, espero que os guste ^^
Un beso queridos lectores desconocidos :)





Una vieja guitarra descansa apoyada en la esquina de la pared. Sobre ella una chaqueta de cuero negra y unos pitillos más rotos que viejos se apoyan para no caerse. Viejos recuerdos alborotan sus pensamientos. Se toca el pelo. Esa manía se la pegó él cuando pasaban juntos todas las tardes de ese verano marchito.
Aún se acuerda aunque lo niega. En esas tardes en las que nunca se aburría. Había una regla para poder estar juntos aunque suene raro, claro que no estaba escrita, pero ahí estaba y los dos lo sabían. La única regla que había, aún así no la pudo respetar.
Una lágrima lucha por escaparse de sus ojos aniñados y rojos de no dormir. Lo consigue.
Ella se enfada y lucha, lucha contra alguien que es ella misma, por no saber guardar lo que amaba, por haberlo perdido, por no haber luchado cuando tenía que luchar.
Ella era la princesa cantante de aquel grupo que quedó destrozado gracias a ella. Antes era una princesa, todo el mundo la trataba como tal. Ropa cara, maquillaje complejo y un cigarrillo a medio acabar, había perdido eso, pero no solo esas cosas que antes no le importaban nada. Había perdido a su familia y no esa familia que nunca había existido para ella. Esa madre que se fue sin decir nada en una noche nevada y el padre, el típico del cual la madre no sabe nada.
Ahora que lo piensa, es bastante raro. Su madre llevaba unos hermosos zapatos de tacón alto rojos, con los que ella solía jugar a ser princesa, nunca imaginó que lo conseguiría. Quizá su memoria le estuviera jugando una mala pasada, pero está claro que no puedes salir a la calle nevada con zapatos de tacón altos.
Se enciende un cigarrillo. Lucky Strike. Desearía que la vida le diera a ella un golpe de suerte. Pero solo desea, sabe que es imposible. Ya soñó bastante de niña. Esos sueños tan maravillosos que al mirar atrás solo te parecen estúpidos. Jugar a ser princesa, encontrar a un príncipe...
Que tontería. Ella, que nunca había creído que los sueños se hacen realidad, se había vuelto una princesa, la princesa cantante de un grupo de chicos que amaban la música más que a las mujeres.
Llora. Se arrepiente de no haber sabido guardar a sus amados en un cofre dentro de su corazón. Aunque sabe que de nada le sirve llorar, llora.
¡Y canta!
Ella, que juró jamás volver a cantar si no era él quien la acompañaba con el sonido violáceo de su guitarra azul.
Canta.
No lo puede evitar. Se da cuenta de que ama demasiado el sonido de su propia voz, aunque cada vez que se escucha se odia más a si misma. Por culpa de su voz perdió todo.


En la esquina de un cuarto desordenado, sufre en silencio una batería sobre la que descansan unos palillos viejos y polvorientos, aunque bonitos. Dibujos refrescantes que inspiran a cantar yacen sobre ellos en forna de corcheas y fusas.
Él está allí. Acurrucado entre la ropa sucia y las partituras arrugadas que ya no sirven
Él está allí aunque no lo parezca. Intentando confortarse a sí mismo. Intentando ocultar las lágrimas que evidentemente caen por su mejilla. Intentando no avergonzarse demasiado de sí mismo. Procurando perdonarse cada palabra dura y horrible que soltó esa mañana de Septiembre.
Porque ahora ella ya no estaba allí para decirle que lo amaba. Y si ella no le amaba, nadie lo haría.
“Las personas solo pueden amar a otras que se amen a sí mismas. Así que amate a ti mismo.”
Una punzada de dolor cruza su pecho. El recuerdo de su voz le produce ardor en la garganta hasta el punto de no ser capaz de respirar.
Entonces oye a un ángel.
La voz de un ángel lo saca de su dolor.
Pain, without love
Pain, I can't get enough
Pain, I like it rough
'Cause I'd rather feel pain than nothing at all

Tiene la sensación de que por fin ha encontrado a alguien que le pueda entender.
Se levanta.
Corre a ponerse unos pantalones limpios con la idea de abandonar su recinto y seguir la voz de su ángel, alguien que le entienda, alguien que le ame, porque los ángeles aman a todos.
Duda antes de coger los palillos polvorientos de encima de su batería.
Ese ángel ha despertado ritmo en él.


Entonces decidido, sale de su habitación y se dirige a la puerta. Se sorprende enormemente al oír que la voz procedente es de al lado.
Entonces lo entiende. Sabe que será imposible que ella le deje poner ritmo a su canción, poner ritmo a su corazón que de alguna manera era también el suyo.
Tras meses de abandono, la batería inunda de nuevo el lugar.
Recuerdos de sus vecinos quejándose y los pequeños conciertos que daban en el garaje de abajo llegan a él. Pero al contrario que otras veces, los recuerdos no le provocan dolor, sino una enorme sensación de nostalgia.
Poco a poco el ritmo de un tres por cuatro suena, golpea e inunda sus oídos.
Tiene que reconocer que no hay nada mejor que eso. No puede evitar tocar. Aunque se prometió a sí mimo que no lo haría hasta tenerla de vuelta. Su princesa.